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Más de 3.000 bovinos ya han sido inseminados como parte de la transformación que impulsa la Prefectura de Manabí en el sector ganadero. Ese avance tuvo un nuevo capítulo el 17 de julio, en la finca de la productora Jacqueline Álvarez, en el sitio El Guasmo del cantón Olmedo, donde se desarrolló una nueva jornada de inseminación artificial, dentro de una meta provincial de 8.500 animales en las 34 Escuelas del Productor Ganadero.

La inseminación artificial representa la etapa culminante de un proceso de formación que, durante cerca de dos años, ha beneficiado a 850 productores organizados en 34 escuelas de campo distribuidas en toda la provincia. En ese tiempo, los ganaderos fortalecieron sus conocimientos en manejo de pasturas, nutrición animal, registros productivos, elaboración de bioinsumos, cercas eléctricas y otras prácticas que hoy les permiten producir de manera más eficiente y sostenible.

Antes de llegar al mejoramiento genético, cada productor recibió acompañamiento técnico para fortalecer las bases de su sistema de producción. Las vacas fueron previamente evaluadas y preparadas para el proceso reproductivo, mientras que la inseminación se realiza con semen de toros brasileños de alto valor genético, con el objetivo de obtener animales más productivos, resistentes y con mayor valor comercial.

Los beneficios también se reflejan en la economía de las familias ganaderas. Jimmy Mendoza, beneficiario de la Escuela del Productor Ganadero de Olmedo, señala que inseminar diez vacas de manera particular podría representar una inversión cercana a 800 dólares, un costo que hoy es cubierto por el proyecto, permitiendo que pequeños y medianos productores accedan gratuitamente a una tecnología que hasta hace poco estaba fuera de su alcance.

«Las escuelas de campo llegaron en el momento que más las necesitábamos», afirma Jacqueline Álvarez, quien destaca que ahora maneja de forma técnica los potreros, la alimentación, el agua y la reproducción del ganado. Como ella, cientos de productores han dejado atrás prácticas empíricas para adoptar métodos que incrementan la productividad y revalorizan sus fincas.

El coordinador del proyecto, Rafael Álava, sostiene que el verdadero cambio no consiste en tener más ganado, sino en producir más con cada vaca y con cada hectárea. Explica que la inseminación artificial es la etapa final de un proceso que primero fortalece la sanidad, la nutrición, el manejo de pasturas y la administración técnica de las unidades productivas, sentando las bases para una ganadería más competitiva.

Esta estrategia cobra especial importancia en un contexto en el que la ganadería ecuatoriana enfrenta una reducción de su hato bovino y mayores costos de producción. Frente a ese escenario, el prefecto Leonardo Orlando impulsa políticas públicas orientadas a fortalecer el desarrollo productivo rural mediante asistencia técnica, innovación y transferencia de conocimiento, promoviendo una nueva forma de hacer ganadería en Manabí: más eficiente, rentable y sostenible para las familias del campo